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Los pueblos que escriben su historia ven con mayor claridad su destino. OLLA DE INTEGRACIÓN: BOLIVARIANA Y SOBERANA ALIMENTARIA.

MECANISMOS DE INTEGRACIÓN

MEDIOS

 

SIGUIENDO LA HUELLA DEL LIBERTADOR

“Si el mundo tuviera que escoger su capital, sin duda esta sería la ciudad de Panamá”. El libertador pensaba hace 200 años, lo que hoy sigue siendo una necesidad, escoger la capital del mundo en un país distinto al líder del capitalismo salvaje, la estatua de la libertad, los cacahuates, los cereales, el wisky,  la luna, Hollywood y las drogas. La sede  de Naciones Unidas,  de la OEA, o de la OTAN debería estar en Panamá, pues es necesidad imperiosa, que estos grandes foros internacionales, representativos de la comunidad internacional, estén un poco distantes de la tutela y las órdenes del Tio Sam. Estuve en Panamá recientemente y mirando el paso de los buques por el Canal, recordé a Bolívar, al Congreso anfitriónico, mi mente voló en el tiempo y apareció entonces la sencilla pero fuerte y digna imagen de Omar Torrijos Herrera, Torrijos como Bolívar, soñaba con la integración y fue Torrijos por supuesto quien quitó el primer gran escollo para este sueño, fue capaz de rescatar el canal y la soberanía para su pueblo, el tratado Torrijos Carter, le entregó a esta generación un continente más unido y un país sin la humillante condición  de vasallo. De Panamá volé a Bolivia la hija consentida del libertador, la que hoy se siente orgullosa de haber sido fundada por él.

Caminando por La Paz se hizo presente el sueño de Bolívar, el frio penetrante de su ambiente, me hizo caminar al lado del libertador cuando salía de la capital de la gran Colombia derrotado, derrocado, sin ejército, angustiado y enfermo en su último viaje desde Bogotá hasta Santa Marta, el frio  de La Paz, penetró hasta mis huesos y entonces me sentí caminando hombro a hombro con Bolívar, de Fontibón a Faca, pues no hay un frio más penetrante que el de la ingratitud y la traición, afortunadamente  para mí, no fue sino un sueño fugaz a donde fui transportada por el frio de la bella capital de Bolivia, con sus montañas terminadas en copos de nieve, como gigantescos helados en venta para el universo; llegué entonces después hasta las glaciales aguas del Titicaca rodeadas  de amarillentas y desnudas montañas, que hacen bello contraste con el azul del lago, del cielo y el blanco de las nubes que absolutamente quietas parecen una pintura en tercera dimensión. Aquí y allá grupos de árboles  y mas allá, barcos y lanchas cabinados que esperan a los viajeros para ir a visitar la isla del sol, donde se encuentra el templo del Inca y desde donde se puede apreciar la isla de la luna, lo que los nativos describen como la claridad y la oscuridad.

De regreso y cuando el sol empezaba a bajar de su extraordinario cenit, contemplé los sistemas de acueducto y riego elaborados por los Incas aprovechando la gravedad y un diseño que hoy no podrían desarrollar los mas eméritos ingenieros, lo que observé fue bello, difícilmente olvidaré esta travesía, pero sin embargo lo que más me llamó la atención fue la sabiduría y dignidad de sus gentes, no venden sus tierras, porque no quieren ser sometidos; de forma rudimentaria han implementado el turismo y atienden a los visitantes con desvelado esmero, porque quieren ser ellos los dueños de su destino y cuando me hablaban, sentí de nuevo la presencia de Bolívar, ahora en Angostura, proclamando la unidad  de la gran nación que acababa de independizar y diciéndole al mundo que el destino de las naciones tiene que ser  manejado por el pueblo con sus costumbres y tradiciones, con su forma de ser, de ver, de  sentir, de amar y de pensar.

Cuando regresaba de La Paz a Panamá, recordé la forma tan gentil como fui atendida por el señor embajador director de ceremonial del estado plurinacional de Bolivia Fernando Huanacune y  la palabra Plurinacional, me daba vueltas en la cabeza -Estado Plurinacional de Bolivia-, es decir un estado que sirve de marco o de amparo a naciones distintas, a pueblos diferentes, todos unidos por la voluntad de un deseo común -el progreso-. Aterricé en Panamá y muy pronto estuve en el centro de la gran ciudad, mirando los monumentales y espigados edificios, ese imponente país  que como lo describía  Bolívar por un lado se viaja a occidente y por el otro, oriente nos ve como el centro de la tierra, pensamiento retomado hoy por el comandante Chávez, que ve en  la integración de nuestros pueblos la posibilidad de retomar el trafico fluvial en sentido occidente-oriente, como mecanismo de desarrollo independiente.

 Los pueblos que escriben su historia ven con mayor claridad su destino